Braulio Orellana
Guayaquil, Ecuador
Un email de Óscar Melgar la noche del jueves 17 me anunció la muerte de Hubert Cam Valencia, ocurrida, contaba, dos días antes en Lima. Detuve la marcha del carro y le respondí que era una fatal noticia y que, uno o dos meses antes, su recuerdo me llegó de improviso y en ese momento pensé en ver la forma de encontrar su número de telefóno y llamarlo. No pude hacer ninguna de las dos cosas. Hoy lamento mucho esa desaprensión.
Guayaquil, Ecuador
Un email de Óscar Melgar la noche del jueves 17 me anunció la muerte de Hubert Cam Valencia, ocurrida, contaba, dos días antes en Lima. Detuve la marcha del carro y le respondí que era una fatal noticia y que, uno o dos meses antes, su recuerdo me llegó de improviso y en ese momento pensé en ver la forma de encontrar su número de telefóno y llamarlo. No pude hacer ninguna de las dos cosas. Hoy lamento mucho esa desaprensión.
A Hubert Cam lo conocí en Foncodes, allá por 1997; hicimos un gran equipo en Relaciones Públicas. Al contrario de lo que podía haber pensado, él me extendió su brazo fraterno. Cómo olvidar todas las veces que en su viejo y blanco escarabajo me llevaba hasta el departamento en el que por entonces habitaba en Pando, muy cerca de su domicilio.
Cómo olvidar cuando en 1999 me llevó al Congreso peruano para acompañarlo en la oficina de prensa y cómo olvidar las veces en las que, con su paternal venia, me permitía viajar a Ecuador para visitar a quien ahora y desde hace diez años es mi esposa.
Mis condolencias a su viuda, Rubi; a sus hijos y a toda su familia. Lo extrañaremos aún más que antes don Hubert.
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