
El médico jubilado danés, Arne Soerensen, llegó a la conclusión de que el gran Napoleón falleció a raíz de una intoxicación renal y no envenenado con arsénico como cuenta la historia.
Dice la agencia francesa AFP que en un libro publicado en mayo, Napoleons Nyrer (Los riñones de Napoleón), Soerense eliminó los mitos que rodean su muerte, al afirmar que murió, a los 51 años, de intoxicación renal, y no de envenenamiento por arsénico ni de un cáncer de estómago.
“No soy historiador, sino médico, apasionado de historia, y he estudiado el estado de salud de Napoléon desde su infancia hasta su muerte”, dice.
Arne Soerensen analizó con lupa la evolución de la enfermedad de Napoleón y todas sus batallas y observó una relación de causa a efecto.
“En sus sesenta batallas, tenía los mismos síntomas urinarios que han tenido repercusiones sobre sus facultades de juicio, como fue el caso en la batalla de Borodino el 7 de septiembre de 1812 en la que estaba apático y ausente”, dijo.
Terriblemente afectado por la enfermedad, también estaba “aletargado e indeciso” en la fatídica batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815.
Napoleón sufrió “problemas de salud desde la edad de los 3 años”. Era “agresivo y difícil con sus compañeros”, según su madre, revela Arne, convencido de que sufrió “trastornos urinarios toda su vida”.
Sufría de un encogimiento alrededor del canal urinario, de infecciones crónicas en una vejiga atrofiada, una enfermedad renal, una nefropatía obstructiva, que provocó una úlcera al estómago con complicaciones mortales.
“Era un hombre en mal estado, pero sabía ocultar su enfermedad, como los grandes hombres al estilo del antiguo presidente estadounidense Roosvelt, que murió de un tumor en el cerebro”, señala.
Dice la agencia francesa AFP que en un libro publicado en mayo, Napoleons Nyrer (Los riñones de Napoleón), Soerense eliminó los mitos que rodean su muerte, al afirmar que murió, a los 51 años, de intoxicación renal, y no de envenenamiento por arsénico ni de un cáncer de estómago.
“No soy historiador, sino médico, apasionado de historia, y he estudiado el estado de salud de Napoléon desde su infancia hasta su muerte”, dice.
Arne Soerensen analizó con lupa la evolución de la enfermedad de Napoleón y todas sus batallas y observó una relación de causa a efecto.
“En sus sesenta batallas, tenía los mismos síntomas urinarios que han tenido repercusiones sobre sus facultades de juicio, como fue el caso en la batalla de Borodino el 7 de septiembre de 1812 en la que estaba apático y ausente”, dijo.
Terriblemente afectado por la enfermedad, también estaba “aletargado e indeciso” en la fatídica batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815.
Napoleón sufrió “problemas de salud desde la edad de los 3 años”. Era “agresivo y difícil con sus compañeros”, según su madre, revela Arne, convencido de que sufrió “trastornos urinarios toda su vida”.
Sufría de un encogimiento alrededor del canal urinario, de infecciones crónicas en una vejiga atrofiada, una enfermedad renal, una nefropatía obstructiva, que provocó una úlcera al estómago con complicaciones mortales.
“Era un hombre en mal estado, pero sabía ocultar su enfermedad, como los grandes hombres al estilo del antiguo presidente estadounidense Roosvelt, que murió de un tumor en el cerebro”, señala.


